miércoles, 4 de diciembre de 2013

Resumen histórico del Ecce Homo de Bornos.

Por la calle S. Sebastián
El Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia es una imagen que se venera en Bornos desde el año 1595. En un principio esta talla perteneció a "Los Niños de la Doctrina" de la ciudad de Écija, pero los Jueces de la Cruzada de Sevilla, a finales del siglo XVI, requisaron esta escultura a dicha congregación ecijana por causas que desconocemos. En 1595 el bornicho y Sargento Mayor don Pedro Jiménez Zurita compró la imagen y la donó, en 1598, al convento de San Bernardino de Sena, al que vulgarmente llamamos en Bornos convento de San Francisco. Posteriormente pasó a la Iglesia Mayor de Santo Domingo de Guzmán cuando se exclaustró el convento tras la desastrosa desamortización de Mendizábal, en el año 1835. Se encuentra actualmente en la capilla del Nazareno, en su precioso y barroco retablo dorado que ya poseía desde 1718 en el convento bornense de franciscanos descalzos. (Datos: Manuel Barra Rodríguez). Esta preciosa imagen bornicha del Santísimo Cristo de Humildad y Paciencia recoge el momento en que Pilatos lo presenta a los judíos y les dice: "Ecce Homo (he aquí el hombre)". Aparece sentado, apoyando la cabeza sobre su mano izquierda y en la derecha sostiene una caña. Sobre sus hombros inclinados, el manto púrpura que, para burla, le pusieron los soldados romanos. Sus pies no están en la misma línea, sino que uno está más adelantado que otro, por lo que la imagen no aparece como mayestática, sino humilde y paciente. Es de autor desconocido, pero como hemos visto, ciertamente, del siglo XVI.

En  el año 1982 se fundó una asociación cuyo cometido era convertirse en Hermandad: "Los Jóvenes Cofrades del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia y María Santísima de la Piedad". Desde 1983 hasta 1986, durante cuatro años, estos jóvenes sacaban en procesión esta imagen. Más tarde, incomprensiblemente, el obispado no dio licencia a dicha asociación parroquial para convertirse en cofradía de penitencia, por lo que se disolvió. En estos últimos años el Ecce Homo salía los Lunes Santos en Vía Crucis. Se viene observando en distintos foros artísticos y cofrades la gran cantidad de voces que atribuyen esta talla bornense al insigne imaginero don José Montes de Oca y León. Hay que descartarlo totalmente, porque por fechas es imposible. El famoso escultor sevillano nació a finales del siglo XVII y murió en el año 1754. El Ecce Homo bornense, como indicamos más arriba, está fechado fehacientemente en el siglo XVI.


En su retablo barroco de 1718
Subiendo la calle de la Peña


 Fotos: Manuel Ruiz y Manolo Avión


A.M.G.P.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Los entierros antiguos de Bornos.

Días pasados, como es costumbre en mí, asistí y acompañé al enterramiento de un bornicho conocido, ya que, gracias a Dios, en Bornos nos conocemos todos...y más aún por mi avanzada edad. Esto no hace al caso. Por el camino iba pensando en lo breve que es la vida y lo pronto que pasa ante nuestros ojos. Me vino a la mente la de entierros que he acompañado en mi vida y, por supuesto, los cambios que se han producido en la forma de enterrar a lo largo de 60 años. Ahí es nada. 

Si alguien nos abandonaba, de inmediato, nos informábamos por el toque de campanas o por el boca a boca en las tiendas, en el mercado, en las fuentes…todo sin necesidad de prensa o esquelas mortuorias. Existián varias clases de toques de campanas según la clase de entierro. Uno se moría donde quería, en su propia casa mayormente. Nada de hospitales o tanatorios llenos de flores, bares o tiendas de lápidas. El velatorio se celebraba en el propio domicilio, y digo "celebraba" porque durante la larga noche, además de dar el pésame a la familia, daba tiempo de fumar, tomar un cafelito o, en muchas ocasiones, hasta la propia familia ofrecía una copita de coñac o de aguardiente. La fila de los dolientes, que se situaba delante de la puerta del domicilio mortuorio, se formaba con arreglo al grado de parentesco con el finado. Durante las largas horas se rezaban Rosarios.

Pero lo más socorrido era la conversación. Siempre se terminaba hablando de las anécdotas que le ocurrían a los personajes populares de Bornos o se contaban chistes que provocaban la risa. Los bornichos somos así, era una forma de mitigar el dolor producido por la muerte del ser querido. Nos despedíamos de los familiares con la información de la hora del entierro, porque allí no terminaba el acompañamiento. 

Pasadas las 24 horas, ¡todos al sepelio! El clero iba, en ceremonial, hasta la casa del fallecido. Se recibía en la puerta. Pero si el entierro era "de primera" (de gente adinerada) se repetía el responso hasta tres veces desde la iglesia hasta la casa mortuoria, con túmulo itinerante. Después se decía la misa funeral cantada y solemne, según casos. Posteriormente se producía el traslado del féretro al cementerio llevado a hombros al no existir aún los coches fúnebres. Durante el recorrido se rezaban nuevos responsos hasta la mitad de la calle Granada -sobre el número 70-, puesto que a partir de este punto se despedía la Iglesia (el clero). También se despedían, acoplados a la acera izquierda, los acompañantes que por su edad, pereza o "cangelo" no bajaban hasta el camposanto (o "cortijito de los callaos"). 

Enterrado el cadáver, volvían los familiares y toda la comitiva hasta la puerta del domicilio del finado, donde se recibía el pésame. Sí, allí se colocaban "enfilados" todos los familiares más allegados, y se erigía a un portavoz que se encargaba de dar las gracias a los asistentes por el acompañamiento. Me viene a la memoria una anécdota ocurrida en un pésame de gente sencilla, en el que el cuñado del muerto fue el portavoz familiar. Éste, descubriéndose de su sombrero con la solemnidad que el caso requería, con voz grave y candente dijo… "señores, en nombre de la familia del finado, os doy las más expresivas gracias por haber acompañado al cadáver de mi cuñado". Y, como quiera que le salió tan fino aquel pareado, en aquel silencio absoluto, sobresalió la voz del cachondo de turno que, acompasadamente, dijo…"con el garrotín, con el garrotán". Como es lógico, se produjo la hilaridad de los acompañantes. 

Terminado el pésame cada uno a su casa o a su trabajo. El entierro completo duraba más de dos horas, menos para los hortelanos. Estos aprovechaban su estancia en el pueblo para relacionarse con sus amistades en bares y tabernas, volviendo algunos a sus huertas a los dos o tres días, eso sí, justificados con el entierro de un amigo o conocido. 

A.G.B.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Bornos, el Primer Vía Crucis de España.

Retrato real de D. Fadrique
La decisión de crear este blog un 24 de noviembre tiene su explicación. Fue un 24 de noviembre del año 1518, hace nada menos que 495 años, cuando se inició un viaje que sería ejecutado por aquel Ribera de profunda formación religiosa que ostentaba el Marquesado de Tarifa y el Señorío de Bornos, entre otros títulos. Nuestro personaje histórico se llamaba don Fadrique Enríquez de Ribera. Partió nuestro hombre desde su villa de Bornos hacia tierras de Jerusalén un 24 de noviembre de 1518 y llegó a Sevilla un par de años después, el 20 de octubre de 1520, después de atravesar por varios paises de Europa hasta llegar a Tierra Santa. A su vuelta a España instauró el Vía Crucis en Bornos desde la puerta del monasterio jerónimo de Santa María del Rosario hasta el humilladero de la Cruz de Esperilla. En Sevilla hizo lo mismo desde su Casa de Pilatos hasta la Cruz del Campo. Vía Crucis es un término latino que en español significa "Camino de la Cruz". Se refiere al camino que recorrió nuestro Señor Jesucristo cargado con la Cruz desde el Pretorio de Pilato hasta el monte Calvario y, en éste, desde que fue clavado en el patíbulo hasta ser colocado en el sepulcro. Consta de catorce escenas “pasos” o episodios que reciben el nombre de estaciones, por constituir momentos de parada o descanso. La tradición señala que entre el Pretorio y el Calvario hay 1.321 pasos, equivalentes a 997,13 metros. Y esa medida fue la que planteó don Fadrique para erigir su vía crucis bornense.

Libro del viaje
¿Se puede decir que Bornos fue el germen de la Semana Santa tal como la conocemos hoy día en Andalucía? La respuesta es que sí. El Vía Crucis no fue el origen y causa primera de la representación de la Semana Santa, pero sí fue un elemento decisivo en la formación de la religiosidad popular en torno a la Pasión, junto a las representaciones litúrgicas, el movimiento de los flagelantes, la devoción a la Vera+Cruz o los frutos de las predicaciones cuaresmales. Lo que sí se puede afirmar tajantemente es que tanto el vía crucis de Bornos como el de Sevilla son el origen de la Semana Santa tal como la conocemos hoy día con sus escenas pasionistas portadas por costaleros o cargadores. Así lo investigó don Joaquín González Moreno en los archivos de Medinaceli, documentación que por el año 1957 se encontraba en Madrid.

Puerta de los jerónimos en 1954
¿Cuándo se erigió en Bornos el Vía Crucis a la Cruz de Esperilla? A la llegada de su viaje en 1520, don Fadrique trajo consigo gran cantidad de estatuas, libros, bulas y privilegios para sus casas de Sevilla y Bornos. Entre estas gracias espirituales hay que encuadrar la práctica del Vía Crucis, que estableció en ambas poblaciones. Por eso, con casi total seguridad, el Vía Crucis de Bornos se instauraría en la cuaresma del año 1521 como se hizo en Sevilla ya que Fadrique trajo privilegios para ambas poblaciones. Pero, aún hoy, habría que constatar el dato en los archivos de Medinaceli. ¿Por qué decimos que Bornos fue el germen del Primer Via Crucis de España? De sobra sabemos que fue en Bornos y en Sevilla donde se erigieron sendos via crucis. Aun no conociendo el dato exacto de la instauración del ejercicio a la Cruz de Esperilla, decimos que nuestro pueblo fue el germen porque toda la aventura comenzó en Bornos un 24 de noviembre de 1518, lugar y fecha en la que don Fadrique inició esta aventura que culminó, tres años después, con el tan piadoso ejercicio del Vía Crucis.

Ruinas actuales de la Cruz Esperilla 
Se ha magnificado un poco el papel que el ejercicio del Vía Crucis jugó en el nacimiento de las corporaciones y de las estaciones de penitencia. Algunas hermandades existían bastante tiempo antes que el piadoso ejercicio y muchas de ellas nacidas en el siglo XVI no tienen ninguna relación con el mismo. Esta estación participaba más de las características de una romería que de una procesión urbana, a ello debía ayudar, en su caso, la climatología primaveral y la percepción de los ricos olores de una vegetación que se abre a la vida en el tiempo de la Cuaresma; pero difícilmente soportable si se producían las lluvias que habían de convertir en un fangal y hacer intransitable el itinerario. El itinerario estaba flanqueado por cruces de madera y altares portátiles que, decentemente aderezados, señalaban los pasajes del Vía Crucis. No sabemos si se mantenían durante toda la Cuaresma o se desmontaban y erigían cada viernes, día señalado para la celebración del ejercicio.

Frasquita Larrea, en su Diario de Bornos,describe un 4 de mayo del año 1826 la siguiente pintoresca imagen: “A un cuarto de Legua de aquí hay una cruz que llaman de Esperilla. En el día 3 de mayo la gente del campo la adornan con flores, y todo el pueblo va allí de paseo por la tarde. Se va por las laderas que están más allá del Nacimiento. Nosotros nos colocamos sobre la acequia cubierta que está junto al manantial, que por estar en alto, nos proporcionaba a un mismo tiempo la vista del camino y la de las montañas y campiñas. El paisaje era admirable. De un lado todo era movimiento, del otro todo reposo. Por el uno, la variedad de los colores del ropaje de tantas mujeres, el sonido de las guitarras, la grita de los muchachos, todo era vida y bullicio. Por el otro, todo era sublimidad y sosiego. Grandes moles de nubes se habían encaramado sobre la cordillera, y se estaban tan inmóviles y reflejaban tan igualmente los visos que les dispensaban los últimos rayos del sol, que el horizonte parecía estar cercado por peñascos de nácar”. 


Mapa del viaje
Parece ser que en Bornos, por Cuaresma, se siguieron realizando los ejercicios del Vía Crucis de Esperilla (pues existen varios más en la población como el de los franciscanos, el de clarisas etc.) hasta el siglo XIX, pero también sabemos que hasta la Cruz de Esperilla existía y llegaba una romería de mayo, tal como lo detalla Frasquita Larrea. Sería justo y bueno para el futuro de nuestro municipio que las instituciones se pusieran de acuerdo para restaurar el humilladero de la Cruz de Esperilla, que actualmente se encuentra en ruinas, y colocar una nueva cruz en forja que recordase tan importante efeméride. Y por qué no, refundar de nuevo el antiguo Vía Crucis y la romería de primavera. Todo está en la voluntad del pueblo. 

Llegada histórica del Nazareno y Nuestra Señora
 a la puerta de los jerónimos el pasado
23 nov. de 2013
A.M.G.P.