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lunes, 31 de octubre de 2016

El Terremoto de Lisboa en Bornos, año 1755

Claustro del Palacio de los Ribera

Estos datos sobre el Terremoto de Lisboa en Bornos han sido recabados en el Instituto Geográfico Nacional, sacados del libro intitulado "Los efectos en España del terremoto de Lisboa" (1 de noviembre de 1755), cuyo autor fue José Manuel Martínez Solares. Se trató, sin duda, de uno de los terremotos más extraordinarios que han sucedido en época reciente, por supuesto en España, pero quizá también a nivel mundial.

En lo que respecta a nuestro pueblo de Bornos podemos hacernos una idea a la vista de estos cuatro informes transcritos de los documentos del Archivo Histórico Nacional.

1. Informe del Alcaide y Corregidor de la Villa de Bornos.

En cumplimiento de la carta Orden que incluye el requisitorio que antecede, yo, don Carlos Texeiro de Valcarzel, Alcaide y Corregidor de esta villa de Bornos, informo lo siguiente:


En el día primero del corriente mes de noviembre amaneció en esta villa claros los horizontes, despejado el cielo, un poco viento, por lo que se notó había una niebla no muy densa, aterrada, y la Luna, más crecida que correspondía a los días que tenía de menguante, pues hallándonos a los cinco de él, parecía no tener ninguno y hacía un calor no muy propio del tiempo, sobre lo cual no se hizo la menor reflexión.

A las nueve y tres cuartos de la mañana, poco más o menos, de dicho día se empezó a sentir un temblor de tierra con bastante estruendo como de tormenta de lejos, el que, a el principio algo lento y fue creciendo por instantes su violencia y ruido hasta notarse en los edificios y casas grandes vaivenes, moviéndose toda la tierra y estos fueron creciendo hasta que se terminó, el que, no obstante de la turbación de todos, se notó duraría como ocho o nueve minutos las vibraciones de los edificios y paredes; parecían haber sido de la parte del Norte a el Poniente, por lo que a esta parte se han reconocido los mayores daños y por las aberturas en las paredes que lo denotan.

También se notó que este río, llamado Guadalete, por dos veces se dividieron las aguas, suspendiéndose su corriente con intervalo de algún tiempo, el que después volvió a su curso. Asimismo su nacimiento de agua muy abundante, con lo que muelen siete molinos de pan y riegan muchas huertas, aunque después de haber pasado el terremoto volvieron dichas aguas con mucha abundancia a que antes, y hoy subsiste con más, sin embargo de estar exenta de recoger agua llovediza.

El monasterio de Padres Gerónimos, extramuros, quedó muy maltratado, estando la Iglesia cuarteada lo bastante, los claustros, celda prioral, librería y refectorio y otros oficios en la misma conformidad.

La parroquia de Santo Domingo, convento de monjes de Padres Franciscos y ermita de la Caridad corrieron igual desgracia. Como, asimismo, en el Palacio del Excelentísimo Señor Duque de Medinaceli, dueño de esta villa, se cuarteó la vivienda que llaman de los Azulejos, que mira a la Plaza de la Fuente, y al Mediodía, habiéndose abierto la esquina de la torre, la que está amenazando gran ruina a dicha población.

Casas, una se hundió y de algunas se han caído como pedazos de pared, uno de mucha consideración, y quasi las demás han quedado algo cuarteadas.

Desgracias en personas ni animales no ha habido ninguna, aunque hubo mucha confusión y espanto en todo el pueblo, pues dejaban todas las Iglesias y casas, saliéndose la gente a las plazas, calles y campo, según a cada uno le cogía la cercanía del sitio, conceptuando cada uno que ya era llegada la fin del mundo, pues en lo natural parece no cabía semejante duración del temblor de tierra, tanta violencia y estruendo.

Como se experimentó sin haberse previsto antes otras señales que lo indicase, que las ya dichas y no reflexionadas o prevenidas entonces. Que es cuanto en mi informe puedo decir en razón de lo que se me manda por la expresada carta Orden y requisitorio predicho.

Bornos, y noviembre veinte y tres de mil setecientos cincuenta y cinco.

Don Carlos Texeiro de Valcarzel.

2. Informe de los Curas y Beneficiados de la Iglesia Parroquial de Santo Domingo de la dicha Villa de Bornos.

El vicario, beneficiados y curas de la Iglesia parroquial de Señor Santo Domingo, de Bornos, correspondiendo a la atenta demostración que hemos debido a el Señor Corregidor de ella, de pedirnos expongamos la observancia que hicimos del terremoto acaecido en el día primero de este mes para informar de dicho fatal suceso a el Rey Nuestro Señor (Dios le guarde), que desea actuarse de él y sus circunstancias, decimos:

Que es cierto que en el referido día, como a la hora de las diez de la mañana, puso a todos los de este pueblo en el más congojoso conflicto dicho terrible terremoto, dejándoles entender que le enviaba Su Majestad para acabar sus vidas, pues por su nunca vista duración que fue de quasi un cuarto de hora y por lo riguroso del estremecimiento de la terrestre máquina se consideró el más alentado y varonil a los umbrales de la muerte.

Y a la extraordinaria conmoción de la tierra imitaron en ella todos los edificios, no quedando a nadie que dudar se hundirían todos.

Respecto de haber visto muchos en ademán de trastornarse y oído un pavoroso ruido que persuadía se desquiciaban y subvertían indefectiblemente, haciendo más inconsolable la pena en que se observaba debajo de aquella a modo de tonitruosa [sic] tempestad, hubo quien advirtió en nuestra Iglesia, en la que concurríamos todos los eclesiásticos, hallándonos en dicha hora en la procesión de tercia, que desunidos todos los arcos de las paredes entró bastante Sol por algunos de los huecos que se descubrían, lo que prueba se abrieron los tejados y bóvedas de ella, y lo evidenció de haber visto caer en todas muchas porciones de mezcla y algunos fragmentos de ladrillos.

En un nacimiento de agua muy copiosa que hay en esta villa hubo notable alteración, pues advirtiéndose a el pronto el temblor alguna escasez en él brotó luego, con tanto acceso y abundancia, que ha admirado a todos, habiendo sido turbia la que salió en el principio del incremento.

Por lo que respecta a daños, resulta de este horror tenemos muchas gracias que dar a Su Majestad, pues no se hundió fábrica alguna aunque dicha nuestra Iglesia está muy maltratada y en urgente precisión de repararse, porque habiéndose reconocido por Peritos, aseguran se caerá si se le dilata el remedio, temiendo como tiene partidos todos los arcos y deshechas las bóvedas y techos, y que no se podrá habilitar a que con dos mil ducados.

Todas las ermitas quedaron también harto ofendidas. Y lo mismo los conventos de San Gerónimo y de religiosas de Santa Clara y otras muchas casas.

No ha sucedido desgracia alguna en personas ni animales.

No creemos pudiera ninguno pronosticar dicho fracaso cuando no hubo señal que lo indicara mediante bullir en dicha mañana un riguroso aire a el Aquilón, en cuya constitución no era regular esperarle, porque comúnmente se han experimentado estos efectos en grande serenidad y porque no se advirtió en los antecedentes días fetidez alguna en las fuentes ni en los pozos ni en la agua que de ellos se extraía, premisa cierta de semejantes consecuencias.
Y atendiendo a lo universal que ha sido, según se dice, en todo el Reino, no nos podemos persuadir a que provino de natural, sino que se derivó de la Divina Providencia, cuyos fallos y determinaciones son inexcrutables a nuestra humana limitada comprehensión.

Que es cuanto podemos referir. Y lo firmamos en dicha villa, en veinte y uno de noviembre de mil setecientos cincuenta y cinco años.

Don Manuel Joseph de la Barra, Don Alonso Suárez de Vega, Don Miguel García Hermoso, Don Gerónimo Ruiz de Perea.

3. Informe del Prelado y Comunidad de San Francisco
de dicha Villa de Bornos.

Día primero de este mes de noviembre del presente año de cincuenta y cinco, habiendo amanecido sereno, el cielo claro y despejados los horizontes, con un escaso y templado viento se continuó del mismo modo hasta las diez de la mañana, algunos minutos menos.

A esta misma hora se comenzó a sentir un temblor de tierra, al principio con alguna lentitud, mas fue creciendo por instantes su violencia, tanto que los templos, casas y demás edificios se notaron desmesurados vaivenes. En estos se percibieron y notaron como tres repeticiones, aumentándose en cada repetición la violencia con tal estruendo que, crujiendo y estremeciéndose las bóvedas y maderos de los techos, amenazaban la más formidable ruina.
También se notó durante el terremoto el estrépito o ruido como sordo y entrañado en la tierra, el cual se percibía como de lejos. Su duración se notó sería el tiempo de diez minutos, a corta diferencia.

La aflicción general que se padeció en este corto tiempo no es explicable, pues fue tan grande la confusión y turbación de todos que, desamparando sus casas y saliéndose de las Iglesias se iban a las calles, plazas y campos, según el sitio en que cada uno estaba, haciéndose juicio que era el último [día] de su vida.

Por la Piedad y Misericordia con que Dios miró a este pueblo no se han reconocido especiales desgracias en personas ni animales, mas en los templos y edificios hubo algunas ruinas. En este dicho convento han quedado algunos arcos y paredes con algunas alturas o rajas, aunque no de las mayores.

El Monasterio del Señor San Gerónimo padeció bastante en la Iglesia, claustros, celdas, y de éstas la provincial quedó inhabitable.

La Iglesia parroquial también padeció y se quebrantó en algunas partes, como también la ermita de la Caridad.

Un nacimiento copioso de agua, que tiene este pueblo se reconoció con el terremoto con mucha más agua, la que, en parte, aún dura todavía.

El río que también cerca este pueblo es voz de muchos que le vieron que tuvo algunos movimientos preternaturales en sus aguas, suspendiéndose su corriente por algunos intervalos de tiempo.

No se ha notado que alguna persona percibiese o advirtiere señal alguna que pudiese indicar o anunciar semejante terremoto.

Esto es todo cuanto en esta Comunidad se ha experimentado y notado, que poder decir con toda verdad en este informe, en cumplimiento del requisitorio hecho, y por ser verdad todo lo dicho, lo firmamos el Guardián y los Religiosos discretos y autorizados, en 22 de noviembre de mil setecientos cincuenta y cinco.

Fr. Christóbal Crespo de San Bartholomé, Guardián; Fr. Joseph Lorenzo Dávila, Definidor Lector; Fr. Francisco de los Santos, Definidor; Fr. Lorenzo Dávila, Definidor Lector.

4. Informe del Prior de San Gerónimo de Bornos.

Fray Joseph de los Reyes, Prior de este Monasterio de Nuestra Señora del Rosario, Orden de Nuestro Padre San Gerónimo, extramuros de la villa de Bornos, habiéndome exhibido el Señor don Carlos Texeyro de Valcarzel, Corregidor de esta dicha villa, una carta del Rey Nuestro Señor (que Dios guarde) la que se dirige a que se dé noticia de lo acaecido sobre el temblor de tierra que hubo el día primero de este mes de noviembre de 1755, su duración y movimientos, y las ruinas y perjuicios que ocasionó, digo y declaro fiel y legalmente:

Que por la mañana de dicho día observaron algunos religiosos una niebla como nubes estar pegadas con la tierra, estando los horizontes claros y siendo las diez del día, minutos más o menos, estando cantando la Gloria, se oyó un ruido confuso, empezando a moverse toda la Iglesia y convento, y cada instante con más fuerza, moviéndose las Imágenes del altar mayor, como si estuvieran unas hasta caerse las coronas de sus cabezas, y a la primera situación se destejó toda la parte del tejado de la Iglesia, que mira a Mediodía, crujiendo las maderas de toda ella con desmesurado ruido, cayéndose toda la cornisa del arco toral en el plan [= plano] de la Iglesia.

Duró este terremoto, según mi poca inteligencia, más de medio cuarto de hora.

Después se prosiguió la misa, descubriendo a Su Majestad, que estaba en el tabernáculo, dándole las debidas gracias por no haber asolado todo este Monasterio.

Luego, por la tarde, registraron todo el Monasterio los alarifes, así de carpintería como de albañilería, y hallaron que la pared principal que mira a Poniente se había desnivelado como media vara por el tejado, y un jeme por la mitad, quedando inhabitable la celda personal, librería y todo el refectorio, porque dicha pared se está viniendo a tierra con todo el tejado.

Los dos claustros, el de Mediodía y Poniente, tienen una cuarta sacados por enmedio hacia la luna del claustro todos los arcos, así del claustro como de todas las capillas de la Iglesia, rajado y uno apuntalado en el claustro.

Las paredes principales y tabiques de todas las celdas quebrantados y muchos cielos rasos caídos.

Fueron tan grandes sus movimientos, que se movía la torre una vara hacia el Mediodía y otra hacia el Norte, con todo el edificio.

La pila del agua bendita se derramó y también el estanque donde se recogen las aguas para regar la huerta echó fuera el agua por de dos a tres veces con los vaivenes del temblor.
Es cuanto tengo que declarar sobre dicho asunto.

Y, para que conste ser verdad todo lo referido, lo firmé en el Monasterio, en veinte días del mes de noviembre de mil setecientos cincuenta y cinco años.

Fray Joseph de los Reyes, Prior de San Gerónimo.

Nota final

El terremoto del sábado 1 de noviembre de 1755, día de Todos los Santos, ocurrido a la hora de la misa mayor causó un enorme impacto en su época ya que produjo varios miles de víctimas en Portugal, España y norte de Africa y daños económicos muy elevados. Fue sentido en la totalidad de la península Ibérica así como en algunos lugares del resto de Europa occidental, como la zona sur de Francia o del norte de Italia y se percibió levemente en Hamburgo, aunque en muchas otras zonas del continente, e incluso de América, se observaron fenómenos asociados como la alteración de las aguas en calma. También se registraron sus efectos en alguna de las islas del Atlántico como Cabo Verde, Azores, Madeira y Canarias. Este importante suceso, de ocurrencia no habitual en Europa, dio lugar a numerosos escritos y publicaciones de muy distinto tipo como cartas, poemas, sermones, o también de carácter filosófico y científico entre cuyos autores podemos citar a pensadores contemporáneos como Ortiz Gallardo de Villarroel o Feijoo.


Incluso en el extranjero, intelectuales como Goethe, Voltaire o Kant escribieron sobre el origen y causa de los terremotos. La gran incidencia social que tuvo este gran acontecimiento produjo un notable avance en el conocimiento y efectos de los terremotos y seguramente marcó el inicio de la sismología moderna.


Debido a que fue en la ciudad de Lisboa donde ocasionó los mayores daños, a causa sobre todo del incendio que se generó, este gran sismo ha venido en denominarse como el terremoto de Lisboa, a pesar de estar su epicentro situado en el océano Atlántico a una distancia de varios cientos de kilómetros, concretamente al suroeste del Cabo de San Vicente.


A.M.G.P.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Bornos, primer templo en España bajo la advocación del Rosario



Hasta dentro de dos años en que se cumpla el V Centenario (1518-2018), seguramente en los distintos medios iremos recibiendo información sobre el famoso viaje de D. Fadrique Enríquez de Ribera a Tierra Santa, expedición que tendría como resultado la constitución de los primeros viacrucis de España e implantados en la villa Bornos y en la ciudad de Sevilla. Los bornichos debemos estar muy orgullosos con este evento y, entre otros, dos son los motivos más importantes: el uno, que dicha aventura partió desde el propio Bornos; y el otro, que la fundación de sendos viacrucis fue germen importantísimo para la instauración de la Semana Santa tal como la conocemos hoy día con sus escenas pasionistas. Con esta efeméride nuestro pueblo queda inmerso con letras de oro en la propia Historia de España, pero en este inigualable rincón de Cádiz también aconteció otro hecho histórico-religioso de envergadura muy a tener en cuenta y bastante desconocido.

Aprovechando que hace 8 siglos se publicaron las Bulas promulgadas por el Papa Honorio III, confirmando así la fundación de la Orden de los Dominicos (1216-2016) -auténticos propulsores del Santo Rosario-, y gracias a este medio de difusión promovido por la Semana Cultural, quiero dedicar unos apuntes sobre la introducción del Rosario en España, notas por las que Bornos también queda inscrito con letras de oro en la magna historia de nuestro país. Nuestro municipio le tiene mucho cariño a su Patrona, la Virgen María bajo la advocación del Santo Rosario, pero ¿desde cuándo proviene esa devoción?, ¿existe memoria y fecha cierta?, ¿conocen los bornichos que fue su pueblo el primer lugar español donde se levantó un templo dedicado a la más importante de las advocaciones marianas?

El Rosario en sí tiene una prehistoria que abarca desde los martirios de cristianos en Roma hasta la predicación de Domingo de Guzmán, que funda dicho ejercicio en el siglo XIII. De todas formas, en tiempos de Santo Domingo no existía el rosario-objeto devocional tal y como lo conocemos hoy. Existía, no obstante, un tipo de “contador” para el rezo múltiple del Paternóster. Posteriormente, ya a finales del siglo XV, comenzaría a extenderse por Europa y comenzarían a fundarse las cofradías del Rosario (1).

En España, también los predicadores dominicos comenzaron a instaurar las cofradías del Rosario a finales del siglo XV, y consta la del convento sevillano de San Pablo (1481) como la más pretérita (2). El Papa Pío V difunde el Rosario universalmente tras relacionar la Batalla de Lepanto (1571) con la gran victoria de los cristianos sobre el Turco, triunfo atribuido a la milagrosa intervención de la Virgen del Rosario. En 1573, el Papa Gregorio XIII estableció el primer domingo de octubre como fiesta de la Virgen del Rosario a celebrar en aquellos lugares donde hubiera altar o capilla dedicada a esta advocación. La solemnidad se hizo general el año 1671 para toda la Iglesia española.

La devoción al Rosario en la provincia gaditana se pensaba que arrancaba unida a la batalla naval de Lepanto, ya que recientemente se pudo documentar la existencia en Cádiz capital de una cofradía en torno a esta advocación en 1575. Sin embargo, se tienen datos de cofradías anteriores a la de Cádiz como es la del Rosario de Chiclana (3), la cual existía ya en 1551.

Pero falta el dato más curioso e importante. Hace varios años, a mis manos llegó una revista religiosa, denominada “La Cruz”, fundada a mediados del siglo XIX por D. León Carbonero y Sol e impresa con censura eclesiástica (4). Pues bien, en una edición de dicha revista publicada en Madrid, que data del año 1889, se puede leer un artículo intitulado “¿Qué templo fue el primero en España dedicado al Santísimo Rosario?”, texto que me gustaría ilustrar de forma íntegra y literal para que todos los bornenses puedan disfrutar de su lectura, y dice así:
“¿Qué templo fue el primero en España dedicado al Santísimo Rosario? Atendida la importancia de la devoción del Santísimo Rosario, la cual, desde que fue instituida por nuestro glorioso compatriota Domingo de Guzmán, no ha decaído ni un instante, todo lo que con ella se relacione no puede dejar de ser interesante y simpático para todo aquel que se precie de amante devoto de la Madre de Dios, que, inspirando esta devoción a su siervo Domingo, nos enseñó a honrarla de un modo para Ella tan agradable y al mismo tiempo tan provechoso para el pueblo cristiano. Dicho esto, y amando tan entrañablemente todo buen católico la devoción del Rosario de María, ¿no será oportuno inquirir qué templo fue el primero que en España se dedicó a la Santísima Virgen bajo la hermosa advocación de Nuestra Señora del Rosario, ilustrando, así, más y más la brillante historia de esta devoción dulcísima? No ha faltado quien, buscando datos sobre esta materia, haya adquirido algunos tan respetables y fidedignos que le obligan a creer que la gloria de levantar por primera vez un templo dedicado al Santísimo Rosario pertenece a la archidiócesis de Sevilla, que en amor y entusiasmo por la Madre de Dios jamás permitió ser vencido por ninguna otra de esta nación tan finamente devota y amante de María. Apenas se hallará un pueblo en esta bendita tierra que no venere una imagen de la Virgen, a la cual vaya unida una de esas hermosas tradiciones que ensanchan el alma y la llenan de ternura. ¡Con cuánta razón sus hijos la han apellidado con sencillo entusiasmo tierra de María Santísima! Como en premio de esta ternura la Reina del cielo la ha mirado con especial predilección, multiplicando en ella sus favores, no dejando nosotros de considerar la admiración y el amor que despertaría en los devotos de la Virgen una historia mariana de Sevilla y su archidiócesis. Entre estos favores no es el menor aquel que le fue concedido siendo elegida para erigir en España el primer templo bajo el título del Santísimo Rosario. En el arciprestazgo de Arcos de la Frontera, de la cual dista dos leguas, está la linda villa de Bornos en la más pintoresca campiña que puede imaginarse. Bordeada, por un lado, por el Guadalete que corre mansamente por entre hermosas huertas y frondosas arboledas, y a la falda de agreste sierra, semeja, contemplando a  distancia su blanco caserío, un ejército de blancas palomas que se ha posado en medio de aquellos vergeles, donde parece eterna la primavera. En esta villa fundó, en 1493, el Adelantado Mayor de Andalucía y Duque de Alcalá, D. Francisco Enríquez de Ribera, Señor de ella, un monasterio del Orden de San Jerónimo, el cual fue erigido con toda magnificencia y suntuosidad, siendo desde sus principios un plantel de observantísimos religiosos, entre los cuales descollaron muchos que han dejado renombre por sus preclaras virtudes, y no pocos por su reconocida sabiduría. Una de las condiciones impuestas por el piadoso fundador a los monjes jerónimos al aceptar éstos el monasterio, era que la iglesia había de tener por titular el Santísimo Rosario, del cual el piadoso Adelantado era devotísimo. Es innegable que desde que esta devoción fue establecida por el más ínclito de los Guzmanes, fue sumamente apreciada en toda la cristiandad; más tampoco puede negarse que adquirió su principal celebridad en el Pontificado del Papa San Pio V, especialmente después de la famosa victoria de Lepanto, por lo cual es muy digno de ser considerado el título que recibió el monasterio de Bornos, cerca de un siglo con anterioridad a la derrota de la formidable armada turca, que aconteció en 1571. Después del siglo XVI no pocos santuarios recibieron esta advocación, pero antes de él, apenas se tendrá noticia de alguno con excepción del insigne monasterio que hoy nos ocupa. No es nuestra esta afirmación, pues teniendo a la vista un precioso manuscrito de principios del pasado siglo, titulado “Campos Elysios Christianos. Historia y antigüedades de la villa de Bornos y su comarca”, su autor, Fr. Pedro Mariscal, predicador y lector de Sagrada Escritura en aquel convento de Jerónimos, nos da esta noticia, señalando la importancia de la advocación que recibiera aquel santo templo aun corriendo todavía el siglo XV. Venerada como titular, recibía culto, colocada en el lugar preferente del retablo mayor del monasterio, una imagen hermosísima de Nuestra Señora del Rosario. Hoy no está allí, con la supresión de la comunidad fue trasladada a la iglesia parroquial de la villa que le profesa gran devoción. Por su majestad y belleza tiene fama en todos los pueblos de la comarca, diciendo de nosotros que es la que más nos ha cautivado de cuantas hemos visto de las llamadas de vestir. La iglesia que ha motivado estas líneas, doloroso es decirlo, ya no existe: la impiedad del siglo XIX se ensañó en ella y en el contiguo monasterio con un verdadero lujo de horrible crueldad. Era de estilo grecorromano, conteniendo innumerables preciosidades artísticas que han desaparecido. Entre estas últimas pueden contarse unos gigantescos blandones de metal blanco, notables por su forma, antigüedad y origen. Procedían de Inglaterra, del templo donde se veneraron las reliquias de Santo Tomás de Cantorbery, hasta el cisma de Enrique VIII, siendo adquiridos en aquella época por la comunidad. Hoy están delante del altar mayor de la parroquia de Bornos, donde también se venera el Santo Cristo del Capítulo, imagen milagrosísima que poseyó el monasterio. Merced al furor de los vándalos de ahora, la iglesia de Nuestra Señora del Rosario del monasterio de San Jerónimo de Bornos está casi destruida. Han desaparecido toda la bóveda y las capillas del lado del Evangelio, conservándose por una especie de milagro las demás, el coro y la bellísima cúpula de la capilla mayor que, como un monumento fúnebre, se eleva sobre la torre parroquial, el torreón morisco del palacio de los duques y el campanario del convento de clarisas de Corpus Christi, fundación del B. Juan de Ribera. El monasterio, casi convertido en ruinas, es morada de manada de cerdos y de otros animales, que huellan las sepulturas de los antiguos moradores de aquel claustro, entre ellos la del más ilustre de los historiadores jerezanos, Fr. Esteban Rallón , hijo y prior que fue de aquella santa casa. Permítasenos ahora preguntar: si es en realidad la iglesia del monasterio de Bornos la primera que se edificó en España en honor del Santísimo Rosario, ¿seria intempestivo aventurar el pensamiento que una suscripción general abierta entre los católicos españoles la reedificase devolviéndola al culto de la Santísima Virgen?”.

La verdad, poco más hay que agregar a este artículo fechado en el año 1889. En todo caso, podríamos añadir la confirmación que hace Gaspar Gorricio de Novara (con fuentes documentales del historiador Sancho de Sopranis), el cual apunta que anteriormente a la fundación del templo bornense existieron algunas pequeñas capillas, pero nunca una iglesia bajo dicha advocación rosariera. Sí, el primer templo dedicado en España a la Virgen del Rosario se fundó en Bornos el año de 1493 (5), y fue tanta la devoción en nuestra villa que, incluso, su iglesia principal poseía -y posee- el título de Santo Domingo de Guzmán, fundador de tan excelso rezo. Los libros de bautismos más antiguos de la Parroquia están fechados en el año 1532, y ya por aquel entonces el edificio ostentaba la dedicación dominical (6).

Madre e Hijo, el rezo del Rosario y el rezo del Viacrucis, dos ejercicios muy extendidos e importantísimos en la cristiandad católica (sino los que más), y ahí ha estado -y está- nuestro Bornos como protagonista vip de la Historia General de España. Todo, por supuesto, gracias a la familia Ribera: D. Francisco Enríquez de Ribera, con el Rosario; y D. Fadrique Enríquez de Ribera, con el Viacrucis. Ambos fueron hermanos (por parte de padre) y, allá por los siglos XV y XVI, Señores de nuestra gaditana y bella villa.

Finalmente, por justicia, no me gustaría dejar pasar esta oportunidad escrita para anotar que, observando algunos títulos del nomenclátor de nuestro callejero, a todos nos debería dar un poco de vergüenza que estos dos personajes históricos lleven cinco siglos esperando el reconocimiento del pueblo al que tanto amaron. Uno de ellos, incluso, está enterrado en Bornos junto a su mujer, porque así lo dispuso en su testamento por deseo propio.

A.M.G.P.
Semana Cultural 2016
                                                                               
Fuentes consultadas:

(1) “Orden de los Dominicos: Historia del Rosario”. (www.dominicos.org).
(2) “El Rosario en Sevilla” - Carlos J. Romero Mensaque - 1990.
(3) “Los Rosarios Públicos en Tarifa, I" - Espinosa de los Monteros, F. - 2005.
(4) “Revista religiosa La Cruz” - Tomo I - 1889.
(5) “Contemplaciones sobre el Rosario de Nuestra Señora historiadas: un incunable
       sevillano” - Gaspar Gorricio de Novara - 2002.
(6) “Una aportación a la Historia de Bornos” - Manuel Barra - 2006.


Portada de la revista La Cruz publicada en 1889
Ruinas de Santa María del Rosario en la actualidad
Ruinas de Santa María del Rosario en 1924





Dibujo muy sintetizado del monasterio realizado en 1773




lunes, 14 de abril de 2014

Domingo de Ramos en Bornos


Se aproxima la gran tragedia de la Pasión de Cristo. Nos llega la llamada Semana Mayor (y “Santa” porque es de Dios). Hay que ver la semanita que nos espera si meditamos un poco, lo que la locura de unos cuantos hizo pasar a un ser humano que sólo buscaba paz, solidaridad, concordia e igualdad entre los hombres del mundo. El egoísmo humano no tuvo -ni tiene- límites. Un tema este último de difícil solución y que no es donde yo quería ir a parar. El tema en cuestión al que quiero hacer referencia es a la simbiosis entre campo y pueblo que nos ofrece la celebración del Domingo de Ramos.

Hago míos el sentimiento y las palabras  de una de las mejores plumas costumbristas de la actualidad, mi tocayo Antonio García Barbeito, cuando describe la belleza de la naturaleza y la enlaza con las tradiciones y el buen uso de los pueblos. Al campo acude dicho pueblo, por ejemplo, para arrancarle a la naturaleza las más sencillas y multicolores flores olorosas ofrecidas a María en mayo; o también para adornar las cruces con “el pegajoso” y flores silvestres; o también para alfombrar con juncia y romero las calles por la que pasará Su Divina Majestad  el día del Corpus…

Qué horas más agradables son éstas del Domingo de Ramos al ver como hombres, mujeres y niños -de la mano de su abuela- participan de esta “bendición de la naturaleza” en la iglesia de la Resurrección. Este día y a esta iglesia acude el pueblo llano por la mañana con sus mejores galas y con la intención de conseguir una rama de olivo; otras personas llevan palmas elaboradas por artesanos de la hermandad de la calle Granada. Una vez bendecidas, adornarán los balcones y ventanas de muchas calles de nuestro Bornos, rememorando así aquella lejana Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén.

De verdad que estas tradiciones nunca se deben perder u olvidar, pues forman parte de nuestra cultura. Que conste que nuestro pueblo da  buena muestra de ello, y cada año acude más gente a esta celebración, conservando así la sensibilidad heredada de los mayores. Enhorabuena a los bornichos.


A.G.B.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Resumen histórico del Ecce Homo de Bornos.

Por la calle S. Sebastián
El Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia es una imagen que se venera en Bornos desde el año 1595. En un principio esta talla perteneció a "Los Niños de la Doctrina" de la ciudad de Écija, pero los Jueces de la Cruzada de Sevilla, a finales del siglo XVI, requisaron esta escultura a dicha congregación ecijana por causas que desconocemos. En 1595 el bornicho y Sargento Mayor don Pedro Jiménez Zurita compró la imagen y la donó, en 1598, al convento de San Bernardino de Sena, al que vulgarmente llamamos en Bornos convento de San Francisco. Posteriormente pasó a la Iglesia Mayor de Santo Domingo de Guzmán cuando se exclaustró el convento tras la desastrosa desamortización de Mendizábal, en el año 1835. Se encuentra actualmente en la capilla del Nazareno, en su precioso y barroco retablo dorado que ya poseía desde 1718 en el convento bornense de franciscanos descalzos. (Datos: Manuel Barra Rodríguez). Esta preciosa imagen bornicha del Santísimo Cristo de Humildad y Paciencia recoge el momento en que Pilatos lo presenta a los judíos y les dice: "Ecce Homo (he aquí el hombre)". Aparece sentado, apoyando la cabeza sobre su mano izquierda y en la derecha sostiene una caña. Sobre sus hombros inclinados, el manto púrpura que, para burla, le pusieron los soldados romanos. Sus pies no están en la misma línea, sino que uno está más adelantado que otro, por lo que la imagen no aparece como mayestática, sino humilde y paciente. Es de autor desconocido, pero como hemos visto, ciertamente, del siglo XVI.

En  el año 1982 se fundó una asociación cuyo cometido era convertirse en Hermandad: "Los Jóvenes Cofrades del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia y María Santísima de la Piedad". Desde 1983 hasta 1986, durante cuatro años, estos jóvenes sacaban en procesión esta imagen. Más tarde, incomprensiblemente, el obispado no dio licencia a dicha asociación parroquial para convertirse en cofradía de penitencia, por lo que se disolvió. En estos últimos años el Ecce Homo salía los Lunes Santos en Vía Crucis. Se viene observando en distintos foros artísticos y cofrades la gran cantidad de voces que atribuyen esta talla bornense al insigne imaginero don José Montes de Oca y León. Hay que descartarlo totalmente, porque por fechas es imposible. El famoso escultor sevillano nació a finales del siglo XVII y murió en el año 1754. El Ecce Homo bornense, como indicamos más arriba, está fechado fehacientemente en el siglo XVI.


En su retablo barroco de 1718
Subiendo la calle de la Peña


 Fotos: Manuel Ruiz y Manolo Avión


A.M.G.P.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Los entierros antiguos de Bornos.

Días pasados, como es costumbre en mí, asistí y acompañé al enterramiento de un bornicho conocido, ya que, gracias a Dios, en Bornos nos conocemos todos...y más aún por mi avanzada edad. Esto no hace al caso. Por el camino iba pensando en lo breve que es la vida y lo pronto que pasa ante nuestros ojos. Me vino a la mente la de entierros que he acompañado en mi vida y, por supuesto, los cambios que se han producido en la forma de enterrar a lo largo de 60 años. Ahí es nada. 

Si alguien nos abandonaba, de inmediato, nos informábamos por el toque de campanas o por el boca a boca en las tiendas, en el mercado, en las fuentes…todo sin necesidad de prensa o esquelas mortuorias. Existián varias clases de toques de campanas según la clase de entierro. Uno se moría donde quería, en su propia casa mayormente. Nada de hospitales o tanatorios llenos de flores, bares o tiendas de lápidas. El velatorio se celebraba en el propio domicilio, y digo "celebraba" porque durante la larga noche, además de dar el pésame a la familia, daba tiempo de fumar, tomar un cafelito o, en muchas ocasiones, hasta la propia familia ofrecía una copita de coñac o de aguardiente. La fila de los dolientes, que se situaba delante de la puerta del domicilio mortuorio, se formaba con arreglo al grado de parentesco con el finado. Durante las largas horas se rezaban Rosarios.

Pero lo más socorrido era la conversación. Siempre se terminaba hablando de las anécdotas que le ocurrían a los personajes populares de Bornos o se contaban chistes que provocaban la risa. Los bornichos somos así, era una forma de mitigar el dolor producido por la muerte del ser querido. Nos despedíamos de los familiares con la información de la hora del entierro, porque allí no terminaba el acompañamiento. 

Pasadas las 24 horas, ¡todos al sepelio! El clero iba, en ceremonial, hasta la casa del fallecido. Se recibía en la puerta. Pero si el entierro era "de primera" (de gente adinerada) se repetía el responso hasta tres veces desde la iglesia hasta la casa mortuoria, con túmulo itinerante. Después se decía la misa funeral cantada y solemne, según casos. Posteriormente se producía el traslado del féretro al cementerio llevado a hombros al no existir aún los coches fúnebres. Durante el recorrido se rezaban nuevos responsos hasta la mitad de la calle Granada -sobre el número 70-, puesto que a partir de este punto se despedía la Iglesia (el clero). También se despedían, acoplados a la acera izquierda, los acompañantes que por su edad, pereza o "cangelo" no bajaban hasta el camposanto (o "cortijito de los callaos"). 

Enterrado el cadáver, volvían los familiares y toda la comitiva hasta la puerta del domicilio del finado, donde se recibía el pésame. Sí, allí se colocaban "enfilados" todos los familiares más allegados, y se erigía a un portavoz que se encargaba de dar las gracias a los asistentes por el acompañamiento. Me viene a la memoria una anécdota ocurrida en un pésame de gente sencilla, en el que el cuñado del muerto fue el portavoz familiar. Éste, descubriéndose de su sombrero con la solemnidad que el caso requería, con voz grave y candente dijo… "señores, en nombre de la familia del finado, os doy las más expresivas gracias por haber acompañado al cadáver de mi cuñado". Y, como quiera que le salió tan fino aquel pareado, en aquel silencio absoluto, sobresalió la voz del cachondo de turno que, acompasadamente, dijo…"con el garrotín, con el garrotán". Como es lógico, se produjo la hilaridad de los acompañantes. 

Terminado el pésame cada uno a su casa o a su trabajo. El entierro completo duraba más de dos horas, menos para los hortelanos. Estos aprovechaban su estancia en el pueblo para relacionarse con sus amistades en bares y tabernas, volviendo algunos a sus huertas a los dos o tres días, eso sí, justificados con el entierro de un amigo o conocido. 

A.G.B.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Bornos, el Primer Vía Crucis de España.

Retrato real de D. Fadrique
La decisión de crear este blog un 24 de noviembre tiene su explicación. Fue un 24 de noviembre del año 1518, hace nada menos que 495 años, cuando se inició un viaje que sería ejecutado por aquel Ribera de profunda formación religiosa que ostentaba el Marquesado de Tarifa y el Señorío de Bornos, entre otros títulos. Nuestro personaje histórico se llamaba don Fadrique Enríquez de Ribera. Partió nuestro hombre desde su villa de Bornos hacia tierras de Jerusalén un 24 de noviembre de 1518 y llegó a Sevilla un par de años después, el 20 de octubre de 1520, después de atravesar por varios paises de Europa hasta llegar a Tierra Santa. A su vuelta a España instauró el Vía Crucis en Bornos desde la puerta del monasterio jerónimo de Santa María del Rosario hasta el humilladero de la Cruz de Esperilla. En Sevilla hizo lo mismo desde su Casa de Pilatos hasta la Cruz del Campo. Vía Crucis es un término latino que en español significa "Camino de la Cruz". Se refiere al camino que recorrió nuestro Señor Jesucristo cargado con la Cruz desde el Pretorio de Pilato hasta el monte Calvario y, en éste, desde que fue clavado en el patíbulo hasta ser colocado en el sepulcro. Consta de catorce escenas “pasos” o episodios que reciben el nombre de estaciones, por constituir momentos de parada o descanso. La tradición señala que entre el Pretorio y el Calvario hay 1.321 pasos, equivalentes a 997,13 metros. Y esa medida fue la que planteó don Fadrique para erigir su vía crucis bornense.

Libro del viaje
¿Se puede decir que Bornos fue el germen de la Semana Santa tal como la conocemos hoy día en Andalucía? La respuesta es que sí. El Vía Crucis no fue el origen y causa primera de la representación de la Semana Santa, pero sí fue un elemento decisivo en la formación de la religiosidad popular en torno a la Pasión, junto a las representaciones litúrgicas, el movimiento de los flagelantes, la devoción a la Vera+Cruz o los frutos de las predicaciones cuaresmales. Lo que sí se puede afirmar tajantemente es que tanto el vía crucis de Bornos como el de Sevilla son el origen de la Semana Santa tal como la conocemos hoy día con sus escenas pasionistas portadas por costaleros o cargadores. Así lo investigó don Joaquín González Moreno en los archivos de Medinaceli, documentación que por el año 1957 se encontraba en Madrid.

Puerta de los jerónimos en 1954
¿Cuándo se erigió en Bornos el Vía Crucis a la Cruz de Esperilla? A la llegada de su viaje en 1520, don Fadrique trajo consigo gran cantidad de estatuas, libros, bulas y privilegios para sus casas de Sevilla y Bornos. Entre estas gracias espirituales hay que encuadrar la práctica del Vía Crucis, que estableció en ambas poblaciones. Por eso, con casi total seguridad, el Vía Crucis de Bornos se instauraría en la cuaresma del año 1521 como se hizo en Sevilla ya que Fadrique trajo privilegios para ambas poblaciones. Pero, aún hoy, habría que constatar el dato en los archivos de Medinaceli. ¿Por qué decimos que Bornos fue el germen del Primer Via Crucis de España? De sobra sabemos que fue en Bornos y en Sevilla donde se erigieron sendos via crucis. Aun no conociendo el dato exacto de la instauración del ejercicio a la Cruz de Esperilla, decimos que nuestro pueblo fue el germen porque toda la aventura comenzó en Bornos un 24 de noviembre de 1518, lugar y fecha en la que don Fadrique inició esta aventura que culminó, tres años después, con el tan piadoso ejercicio del Vía Crucis.

Ruinas actuales de la Cruz Esperilla 
Se ha magnificado un poco el papel que el ejercicio del Vía Crucis jugó en el nacimiento de las corporaciones y de las estaciones de penitencia. Algunas hermandades existían bastante tiempo antes que el piadoso ejercicio y muchas de ellas nacidas en el siglo XVI no tienen ninguna relación con el mismo. Esta estación participaba más de las características de una romería que de una procesión urbana, a ello debía ayudar, en su caso, la climatología primaveral y la percepción de los ricos olores de una vegetación que se abre a la vida en el tiempo de la Cuaresma; pero difícilmente soportable si se producían las lluvias que habían de convertir en un fangal y hacer intransitable el itinerario. El itinerario estaba flanqueado por cruces de madera y altares portátiles que, decentemente aderezados, señalaban los pasajes del Vía Crucis. No sabemos si se mantenían durante toda la Cuaresma o se desmontaban y erigían cada viernes, día señalado para la celebración del ejercicio.

Frasquita Larrea, en su Diario de Bornos,describe un 4 de mayo del año 1826 la siguiente pintoresca imagen: “A un cuarto de Legua de aquí hay una cruz que llaman de Esperilla. En el día 3 de mayo la gente del campo la adornan con flores, y todo el pueblo va allí de paseo por la tarde. Se va por las laderas que están más allá del Nacimiento. Nosotros nos colocamos sobre la acequia cubierta que está junto al manantial, que por estar en alto, nos proporcionaba a un mismo tiempo la vista del camino y la de las montañas y campiñas. El paisaje era admirable. De un lado todo era movimiento, del otro todo reposo. Por el uno, la variedad de los colores del ropaje de tantas mujeres, el sonido de las guitarras, la grita de los muchachos, todo era vida y bullicio. Por el otro, todo era sublimidad y sosiego. Grandes moles de nubes se habían encaramado sobre la cordillera, y se estaban tan inmóviles y reflejaban tan igualmente los visos que les dispensaban los últimos rayos del sol, que el horizonte parecía estar cercado por peñascos de nácar”. 


Mapa del viaje
Parece ser que en Bornos, por Cuaresma, se siguieron realizando los ejercicios del Vía Crucis de Esperilla (pues existen varios más en la población como el de los franciscanos, el de clarisas etc.) hasta el siglo XIX, pero también sabemos que hasta la Cruz de Esperilla existía y llegaba una romería de mayo, tal como lo detalla Frasquita Larrea. Sería justo y bueno para el futuro de nuestro municipio que las instituciones se pusieran de acuerdo para restaurar el humilladero de la Cruz de Esperilla, que actualmente se encuentra en ruinas, y colocar una nueva cruz en forja que recordase tan importante efeméride. Y por qué no, refundar de nuevo el antiguo Vía Crucis y la romería de primavera. Todo está en la voluntad del pueblo. 

Llegada histórica del Nazareno y Nuestra Señora
 a la puerta de los jerónimos el pasado
23 nov. de 2013
A.M.G.P.